Qué es
El nervio óptico es el cable que lleva las imágenes del ojo al cerebro. Está formado por más de un millón de fibras. En el glaucoma esas fibras se van muriendo poco a poco, y con ellas se pierden trozos del campo de visión.
Esta guía trata del tipo más frecuente, el glaucoma primario de ángulo abierto. Casi siempre afecta a los dos ojos, aunque uno vaya por delante del otro. Suele ir unido a una presión dentro del ojo más alta de la que el nervio tolera. Pero no siempre: hay personas con la presión normal que lo desarrollan, y personas con la presión alta que nunca lo tienen.
Si te han dicho que tienes la tensión alta pero el nervio está sano, lo tuyo se llama hipertensión ocular y lo explico en su propia guía: hipertensión ocular y sospecha de glaucoma.
Por qué no avisa
El glaucoma empieza por la visión de los lados, la periférica. El centro, el que usas para leer o ver la tele, aguanta hasta el final. Además, cada ojo tapa los huecos del otro y el cerebro rellena lo que falta. Resultado: no se nota nada durante años.
Visión normal
Con glaucomaNo duele. El ojo no se pone rojo. La vista de cerca y de lejos sigue igual. Cuando una persona se da cuenta de que choca con las cosas o no ve un coche que viene por un lado, el nervio ya ha perdido buena parte de sus fibras.
La única forma de detectarlo a tiempo es revisarse. A partir de los 40 años, y antes si tienes familiares con glaucoma, conviene medir la tensión del ojo y mirar el nervio óptico aunque veas bien.
Factores de riesgo
- La tensión del ojo alta. Es el factor más importante y el único que se puede tratar. Cuanto más alta, más riesgo.
- La edad. El riesgo sube claramente con los años.
- Tener padres o hermanos con glaucoma. En un estudio en el que se examinó a los hermanos de pacientes con glaucoma, tenerlo en la familia hacía unas nueve veces más probable padecerlo. Si es tu caso, díselo a tu oftalmólogo y revísate aunque no notes nada.
- El origen. Es bastante más frecuente, y aparece antes, en personas de ascendencia africana o latinoamericana.
- La miopía, sobre todo si es alta.
- La diabetes y la tensión arterial baja. Con la tensión arterial baja el nervio óptico recibe menos riego.
- Una córnea fina o poco elástica. La córnea es la ventana transparente de delante del ojo, y su grosor y su comportamiento influyen tanto en el riesgo como en cómo se mide la tensión.
Tener uno de estos factores no significa que vayas a tener glaucoma. Significa que merece la pena vigilarlo.
Cómo se diagnostica
No hay una prueba única. El diagnóstico sale de juntar varias piezas, y todas son indoloras:
- La tensión del ojo (presión intraocular). Con la tecnología ORA la mido teniendo en cuenta la rigidez de la córnea, lo que da un valor más fiable que la medida convencional.
- El grosor y la biomecánica de la córnea. Una córnea fina puede hacer que la tensión parezca más baja de lo que es. El ORA también mide cómo amortigua la córnea (la llamada histéresis), y un valor bajo se asocia a más riesgo.
- El nervio óptico, mirándolo directamente en el fondo de ojo.
- La OCT, que mide en micras el grosor de la capa de fibras nerviosas alrededor del nervio y en la mácula. Puede detectar pérdida de fibras antes de que aparezcan fallos en el campo visual.
- La campimetría o campo visual. Miras un punto fijo y pulsas un botón cada vez que ves una luz aparecer por los lados. Así se dibuja el mapa de lo que ve cada ojo.
- La gonioscopia, una lente que se apoya en el ojo para ver el ángulo por donde sale el líquido. Distingue el glaucoma de ángulo abierto del de ángulo cerrado, que se trata de otra manera.
La primera vez sirve de punto de partida. Lo que de verdad confirma o descarta que hay daño que avanza es comparar las pruebas a lo largo del tiempo.
Tratamiento
Todos los tratamientos buscan lo mismo: bajar la tensión del ojo hasta una cifra en la que el nervio deje de dañarse. A esa cifra la llamamos presión objetivo, y es distinta para cada persona según cómo esté el nervio y los factores de riesgo. Como punto de partida suele buscarse bajarla entre un 20 y un 30 % respecto a la cifra inicial, y luego se ajusta según cómo evolucione.
Esto vale también para el glaucoma con la tensión normal: aunque la cifra ya parezca buena, bajarla más protege el nervio.
Gotas
Es lo más habitual para empezar. Hay varios grupos de colirios y muchos se ponen una sola vez al día. Si uno no basta o no sienta bien, se cambia o se combina con otro.
Su gran punto débil es que hay que ponerlas todos los días, durante años, y el glaucoma no te recuerda que lo tienes. Muchos pacientes se saltan dosis sin darse cuenta. Si te cuesta, te escuecen o se te acaban antes de tiempo, dímelo: casi siempre tiene arreglo.
Láser: trabeculoplastia selectiva (SLT)
Es un láser suave que se aplica en la zona por donde drena el líquido del ojo para que salga mejor. Puede usarse como primer tratamiento, en lugar de gotas, o para reducir el número de colirios. Su efecto puede ir disminuyendo con los años, y se puede repetir.
Si el ángulo del ojo es estrecho
Hay otro tipo de glaucoma en el que el problema es que la salida del líquido está muy cerrada. Para abrirla hago en la consulta, con láser, una iridotomía (un orificio diminuto en el iris para que el líquido circule) o una iridoplastia (retrae el borde del iris para despejar el ángulo). Son procedimientos rápidos, con gotas de anestesia. Lo cuento con detalle en la guía de ángulo estrecho y cierre angular.
Cirugía
Cuando las gotas y el láser no bastan para frenar el daño, existen varias operaciones que crean una nueva vía de salida para el líquido o colocan pequeños dispositivos de drenaje.
¿Y los suplementos o remedios naturales? Hoy no hay pruebas sólidas de que ayuden. No sustituyen al tratamiento.
Las gotas, bien puestas
Una gota bien puesta vale más que tres mal puestas. Ponérselas bien no es tan fácil como parece, sobre todo con la edad o si tiembla el pulso.
Cómo ponerte las gotas
- Lávate las manos.
- Echa la cabeza hacia atrás, o túmbate.
- Tira suavemente del párpado de abajo para formar un bolsillo.
- Deja caer una gota en ese bolsillo sin que el frasco toque el ojo ni las pestañas.
- Cierra el ojo con suavidad, sin apretar, y presiona con un dedo el lagrimal (la esquina junto a la nariz) durante un par de minutos. Así la gota se queda en el ojo y pasa menos a la sangre.
- Si usas dos colirios distintos, espera unos 5 minutos entre uno y otro.
Ponlas siempre a la misma hora, ligadas a algo que hagas cada día (el desayuno, lavarte los dientes). Una alarma en el móvil ayuda. Y trae los frascos a la revisión.
Revisiones
El glaucoma se controla, no se cura. Las revisiones sirven para comprobar que la tensión sigue en su sitio y que el nervio no pierde más fibras. En cada visita miro la tensión y, con la frecuencia que toque, repito la OCT y el campo visual.
Cada cuánto depende de ti. Si la tensión está en su objetivo y el nervio lleva más de seis meses sin cambios, lo habitual es revisar cada 6 a 12 meses. Si el glaucoma avanza, las visitas se acercan a cada 1 a 3 meses hasta controlarlo, y en glaucomas avanzados se vigila más de cerca. Al principio conviene repetir el campo visual más a menudo, porque así se ve antes quién avanza rápido.
- No dejes las gotas aunque te encuentres bien. Que no notes nada es precisamente lo esperado.
- Si te recetan algún medicamento nuevo, o te operan de otra cosa del ojo, avísame.
- Díselo a tus padres, hermanos e hijos. Ellos también deberían revisarse.
¿Tienes familiares con glaucoma o te han dicho que tienes la tensión alta en el ojo?
Llama y te doy cita. En la misma consulta mido la tensión y estudio el nervio óptico.



